
Vargas Llosa un primor en el manejo de las letras, las palabras y el verbo adecuado para dar sentido a una narración, pero cuando se defiende la barbarie baja al coso, esas palabras hermosas se vuelven en su contra, y se convierten en una diatriba tan violenta y e injuriosa como la que utiliza en su articulo de “El País” titulado como La “barbarie” taurina.
Quien en su prosa utiliza las palabras como el pico el minero, con ligereza y tesón, no puede caer en la simpleza de utilizar una frase tan tópica como manida, y además con un tono de disculpa: “Los aficionados amamos profundamente a los toros bravos y no queremos que se evaporen de la faz de la tierra, que es lo que ocurriría fatalmente si las corridas desaparecieran”
Un articulo que empieza con un tono de disculpa ya me lleva a temer lo peor, además de alguien que no necesita la justificación para defender algo en lo que cree.
Sus frases siguen por surcos indescifrables para mí, como son la grandeza del arte del toro, las alabanzas a las grandes faenas de los toreros, que han recibido diez orejas como trofeo a su buen hacer. Desde luego donde él ve unos toreros, haciendo una faena, yo veo desde luego una “faena” de los toreros a los toros, y esta consiste en hacer que sufra lo indecible durante 20 minutos de tortura brutal, donde el toro es ensartado con una “vara” que el llama, y que no es mas que un palo de madera con una arpón de acero que se clava en el cuerpo del animal, que enfurecido ante el dolor sigue empujando e incrementando el dolor.
Continúa hablando del estilo taurino que conmueve, comparando este sentimiento de los toreros con algunos artistas como poetas, músicos, cantantes, danzarines, pintores, escultores, novelistas. A mi mas bien me parece una conmoción mas parecida a la de los Patricios romanos, ebrios de vino y de vileza que cuando sentían en los Coliseos chocar las espadas de los gladiadores vibraban con la misma excitación bruta, y esperaban el momento de bajar el dedo para concretar el acto de la muerte.
También tiene la desfachatez de mezclar y españolizar los toros, criticando el artículo de Sánchez Ferlosio, diciendo que está redactado de tal modo que, se diría, la “españolez” es algo que se encarna solo en “los castellanos”. Y En eso le doy la razón, en varias partes del mundo existe afición por los toros, pero no por eso deja de ser una barbarie.
Y acaba con una contradicción: “Los aficionados amamos profundamente a los toros bravos..” , una frase que salvando las distancias me recuerda a esas que dicen los maltratadores delante del juez: “Yo le hago esto porque la quiero…”.
Creo que Vargas Llosa se retrata en sus pensamientos, y en su posición ideológica, yo me quedo con una frase que me conmovió por su ternura de un grandísimo escrito como es Antonio Gala que escribió: ” Mugía el toro de dolor, bramaba de dolor, llenaba el aire, clamaba al cielo en vano.
Los peones lo mareaban con los capotes. Y de repente miró hacia mí, con la inocencia de todos los animales reflejada en su rostro, pero también con una imploración.
Era la querella contra la injusticia inexplicable, la súplica frente a la innecesaria crueldad.”
Podría escribir tantos epitafios en contra de la tortura taurina que podría llenar páginas enteras de frases contra este espectáculo cruel. Y no es mi propósito por esta vez. Solo decir que no piensen que la prosa de Vargas Llosa refleja el pensamiento de la sociedad sana, sino de una parte de gustosos torturadores.





